Hoy ocurrió un milagro o por lo menos lo más parecido a uno que yo haya visto.
Fue en la plaza de los gatos, así la llamamos con A pues, literalmente, está de gatos a reventar y resulta que de pura costumbre me pasé por ahí para dar un vistazo y la cosa no estaba nada de bien, muchos gatos enfermos, sin comida (la cosa siempre hierve en alimento) y desprovistos de sus clásicas casas de cartón que con tanto cariño mantienen la gente del barrio. En fin, nada de nada, desolador y yo me preguntaba, ¿Qué cresta pasó? cuando en eso aparece un hombre con una caja y sin más ciencia deja en el lugar 4 gatos recién nacidos, ni los ojos abrían, y se marcha, como si nada, dejando a las crías entre multitud de gatos enfermos, famélicos y desesperados. ¿Puede ser peor? pensé, claro, siempre la situación puede ser peor.
Fue al buscar restos de comida en la plaza cuando me topo con 2 ejemplares, un adulto y un joven, en franco proceso de muerte, en agonía como se dice, en las ultimas diría yo, y no podían ni caminar, ni siquiera mirar, solo los delataba un hilo de aire cada un tiempo en extremo largo, y el joven tenía unos ojos que contrastaban con el cuerpo demacrado, unos ojos de batalla, perdida claro, pero batalla a fin de cuentas.
El paisaje era desolador, la hambruna, la muerte y las crías sin madre, ¿Qué hacer en un caso así? A casa no puedes ir tranquilo y olvidar esos ojos, ¿Volver mañana a recoger los cuerpos de las crías y los otros dos?. Debo reconocer que un momento sentí angustia, asumí que la situación me superaba y me senté, me senté junto al gato de los ojos combativos y decidí acompañarlo en su muerte, por piedad a lo menos.
Y en eso apareció ella, desde unos árboles, como tiene que ser en un milagro real, mujer y tras un árbol, y me dijo en inglés que era veterinaria y que esto no podía estar ocurriendo en Estambul y un montón de cosas más que no entendí, y yo la miraba sentado con la agonía del animal sobre mis hombros, en comunión. Y me pregunta ¿Qué cuantas crías vi? Y le digo que 4, y ¿Qué donde está el cuarto?, no tengo ni idea le contesto, y en eso veo un gato grande y gris que se lleva a la cría lejos, a unos 100 metros, y pienso, que bien lo va a adoptar, la naturaleza es sabia, y nada la chica me dice que corra, que lo lleva para que muera, lo abandonará a su suerte, lejos del grupo, sin maldad me explica, en plan subsistencia, una boca menos, y no me lo puedo creer, y parto tras el gato gordo que en un santiamén estaba dentro de una casa con el pequeño en la boca y que diantres, salto la reja y entro a la casa y lo encuentro llorando, tiritando, con miedo, y lo tomo, lo acaricio y me siento feliz.
La chica resultó ser una bendición, se llevó a los recién nacidos a su casa, y llamó a una veterinaria que vendrá, “entre hoy o mañana temprano”, con medicamentos a tratar los gatos, en particular antiparasitarios, lo que produjo la muerte de mis casuales compañeros de agonía, y yo no sabía que decir pues ella era todo diligencia y limpió y llamó a más gente, de la municipalidad creo, y puteó de lo lindo y revisó a gato que se le cruzó por las piernas y finalmente tomó a los agonizantes y los llevó aparte, lejos del grupo, y los depositó en tierra y dijo: “No hay nada que hacer, llegamos tarde”, y los otros gatos se acercaron como en un funeral gatuno, tristes, nerviosos, y pensé, bueno aquí me quedo a esperar el desenlace, el instante preciso, como dicen, en que la ultima exhalada de vida se le escape por el hocico, es lo mínimo que puedo hacer por este país, y luego recapacité y no estoy para estas cosas y tuve pena, mucha pena, y quise llorar pero no pude.
1 comentarios:
Agustin, el gato en casa, y yo, nos alegramos de que este milagro salvador de gatos haya ocurrido...abrazos
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