31.8.11

Estambul42 (milagro II)


Hoy fui nuevamente al tema de los gatos, por compromiso y curiosidad diría yo, y el panorama era, a lo menos, alentador, comida a destajo, agua por doquier y mucho cariño por parte de transeúntes anónimos en plan paseo estival junto a sus hijos.
Por precauciones de A llevé dos litros de leche, un pan gigante de esos que hacen por aquí, “nada mejor para levantar el ánimo de un gato que un rico pan mojado en leche” y por cuenta del folclore personal, una porción de lentejas de aquellas que almorcé y, para variar, cociné en cantidades industriales hoy.
Limpié un resto los trastos, trasvasijé agua por leche, acaricié, de manera particular a los pequeños, y disfruté a gozo mi tarde gatuna.
La nota disonante, era que no, el cuerpo de un tercer ejemplar muerto, de seguro por la noche, y por la misma causa anterior, parásitos, al cual tomé por la cola, diario mediante, y deposité, con respectivo ceremonial algo estúpido y cursi, en un tarro de la basura.
Y ahí me quedé, por +/- dos horas, observando a estos animales cuales tuertos, resfriados y lacerados, dormir al sol a más no poder de tanto comer y distando a kilómetros de la visión apocalíptica de ayer.
Y si bien hoy no hubo milagro, igual les dejé la leche y el pan, y probablemente vuelva mañana, pero las lentejas me las traje y las recalenté y gustoso me las comí yo.